El trabajo invisible detrás de las bibliotecas digitales en Colombia

2026-08-23 02:54:30 - MUNDO

Al principio había un libro con hongos. No metafóricamente. Eran hongos reales, microscópicos, comiendo el papel desde adentro. Antes de que ese libro pudiera aparecer en una pantalla, antes de que alguien en Soledad, Atlántico, o en Leticia pudiera leerlo, tuvo que pasar por algo que Friederich Marcks, del taller digital de la Biblioteca Nacional de Colombia, describe con la precisión de un médico: "Los libros que entran al grupo de conservación son como pacientes. Se les hace una historia clínica, se les mira qué tienen, de qué sufren y de esa misma manera se les da un tratamiento".

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Ese tratamiento puede durar semanas. A veces meses. Primero el laboratorio, donde se toman muestras de las manchas verdes o los indicadores de deterioro, se cultivan, se identifican los microorganismos.

Luego el saneamiento y el taller de restauración, donde se unen rasgaduras, se reintegran lomos desprendidos, se hace limpieza en seco. Solo después de todo eso, el libro pasa al escáner.

Tras el proceso en escáner, convertido en archivo TIFF de alta resolución, procesado con reconocimiento óptico de caracteres, transformado en PDF con marca de agua, el texto finalmente sube al repositorio digital de la biblioteca.

Veinte años lleva todo un equipo de especialistas en ese proceso con cientos de libros. Cuatro escáneres de gran formato, cinco o seis de cama plana, profesionales que han digitalizado manuscritos del siglo XVII, fotografías de Armero antes de la tragedia, la prensa colombiana del siglo XVIII, el primer manuscrito de astronomía escrito por un sacerdote jesuita en el país, y toda suerte de "obras prácticamente inéditas", cuenta Marcks en entrevista con EL COLOMBIANO sobre el arduo proceso de digitalizar la memoria del país. "Tenemos desde el manuscrito de La vorágine hasta fondos fotográficos increíbles".

De eso se trata la nueva Biblioteca Nacional Digital de Colombia que, más que el resultado de ese trabajo de digitalización, es el nuevo lugar donde ese trabajo por fin puede verse junto con todo lo demás que la biblioteca ha producido en décadas de vida digital.

Juan Miguel Villegas, líder de Producción Digital de la Biblioteca Nacional, usa una imagen doméstica para explicar el problema que la nueva Biblioteca Nacional Digital de Colombia (BNDC) viene a resolver: "Organicemos la casa, hagamos inventario, pongamos en el lugar correcto".

Esto no es una exageración. La casa estaba, en efecto, desordenada: la biblioteca tenía un repositorio digital con cerca de 200.000 objetos digitalizados, el lugar natural del investigador que sabe buscar en un catálogo bibliográfico.

Pero tenía también más de 200 libros producidos por su propia editorial, dispersos en micrositios distintos, sin que uno supiera de la existencia del otro. Tenía exposiciones digitales, proyectos especiales, curadurías, 129 piezas del mes, especiales temáticos. Todo eso vivía en rincones separados de internet, sin conversar entre sí. "Si yo buscaba antropología en un micrositio, el sistema no me decía que en otro había otro libro de antropología", explica Villegas.

La solución no fue técnicamente espectacular. Más bien, curatorial y conceptual. El equipo integró en una sola plataforma todo lo que la biblioteca ha producido y conservado, permitiendo que esos contenidos puedan descubrirse juntos.

"Si tú buscas la palabra antropología, la plataforma te dice, por ejemplo, que hay 10 libros producidos por la biblioteca, 1.500 materiales digitalizados en el repositorio, una exposición, un especial, tres o cuatro piezas del mes y una curaduría", describe el líder de Producción Digital.

El sistema de etiquetas que hace posible ese descubrimiento no fue copiado de ningún manual bibliotecológico. Fue construido objeto por objeto, pensando en los distintos tipos de usuarios que podrían llegar a la plataforma: desde el investigador con preguntas elaboradas hasta el curioso que entra sin saber qué busca.

"Nuestras etiquetas buscan ser más aglutinantes que específicas", dice Villegas. "A diferencia de un catálogo digital, que dice no solo antropología sino etnografía, en el caso nuestro buscamos que las etiquetas integren la mayor cantidad de contenido posible".

El lanzamiento, que se dio esta semana, llegó acompañado de una frase que parece manifiesto: esta es una biblioteca "hecha por humanos, para humanos".

Hay una decisión deliberada para remarcar eso ya que en este tipo de proyectos la inteligencia artificial debe usarse con cautela. La biblioteca tiene un plan estratégico para la integración de esta tecnología, trabaja en una herramienta que ayude a agilizar la catalogación de materiales digitalizados sin catálogo, hace pruebas con el asesoramiento de la Fundación Karisma en materia de derechos patrimoniales y protección de datos. Pero no sataniza ni idolatra la IA. "La gran innovación era agrupar y ordenar la casa", dice Villegas. "Dejemos que todo ese trabajo que han hecho tantos equipos a través del tiempo se sienta y esté cercano a los usuarios".

En 1996, cuando la Biblioteca Luis Ángel Arango publicó en su página web una versión transcrita de la novela María de Jorge Isaacs, Colombia tenía menos de un millón de usuarios de internet. Alguien en esa biblioteca tomó la decisión de transcribir el texto a mano, en HTML, y ponerlo disponible en la red. Era, recuerda María Alejandra Pautassi, líder de la Biblioteca Virtual del Banco de la República, el inicio de algo que no tenía nombre todavía.

"Del 97 hay un registro en Wayback Machine con el nombre de la biblioteca virtual", dice Pautassi. "Esa fue una página muy temprana".

Lo que siguió fue un proceso en tres etapas: la primera fue de acceso, esto es transcribir libros, publicarlos, hacerlos disponibles. Para 2001 ya podían leerse cerca de 200 libros y 1.000 artículos sobre historia, literatura, geografía y antropología.

La segunda etapa, en la década del 2010, fue de uso. En esos días ya no bastaba con publicar, había que preguntarse cómo encontraban los usuarios esos recursos y cómo fomentar ese encuentro. Llegaron los repositorios, los metadatos, el Open Journal System para revistas.

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Finalmente, la tercera etapa, en la que están actualmente, es de apropiación. Su equipo se encarga de construir con los públicos, no solo para ellos, en colaboración con los 22 centros culturales del Banco de la República en distintas regiones del país.

Esa expansión trajo su propio problema. "Nos hemos llenado de tantos lugares donde publicar que hacer que los públicos encuentren esos contenidos en un solo lugar es dificilísimo", dice Pautassi.

Repositorio de libros, repositorio de revistas, enciclopedia wiki, portal, podcasts en Spotify y Podbean, canal de YouTube... "Ese es uno de los mayores retos que están teniendo las bibliotecas digitales hoy".

La solución que explora el Banco de la República ahora es crear un buscador centralizado para todos los contenidos de la Subgerencia Cultural, que incluya no solo la red de bibliotecas sino los museos del Banco, las colecciones de arte y la sección musical. Un proyecto complejo que se ha estrellado con sus propios límites técnicos e institucionales.

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